¿Será que me llamó para preguntarme por mi mamá y, de paso, contarme cómo estaba la de él?
Sin pensarlo mucho, le marqué.
Pero, aunque llamé dos veces seguidas, nadie contestó.
No me di por vencida y lo llamé varias veces, pero siguió sin responder.
Esa hizo que me volviera a doler el pecho.
Cuando regresé a la puerta de la sala de operaciones, mi hermano se acercó de inmediato:
—Aurorita, ¿Qué pasó? ¿Mateo si te llamó? ¿Te dijo algo?
Lo miré fijamente.
Con eso que acababa de decir, era claro qu