Mateo no levantó la cabeza, pero escuché su voz grave y tranquila por el altavoz:
—Estoy diseñando tu vestido de novia.
Me quedé sorprendida, sentí como se me aceleraba el corazón.
—Pero vete a dormir temprano —le dije— ese vestido no tiene que hacerse justo ahora. Tenemos todo el tiempo del mundo.
Mateo dibujó unas líneas más en el papel.
Dejó el bolígrafo, se recargó en la silla y se estiró, mirándome mientras sonreía:
—Pero debemos mandar a hacer el vestido y eso lleva tiempo, así que tengo q