Tomé el portarretratos, mirando las personas de la foto, sin poder creerlo.
Solo con ver esa imagen, parecía que en ese entonces yo en serio estaba enamorada de Javier… y que no me gustaba Mateo.
Y Mateo tampoco parecía quererme.
—Vamos, subamos a ver el resto —dijo Javier mientras se agachaba a limpiar la escalera.
Guardé con cuidado los retratos y lo seguí.
Aunque no viví mucho tiempo donde mi abuela, en esa casita abandonada estaban algunos de mis recuerdos más preciados.
Antes de volver aquí