—¡No! —dije rápido.
—No empieces a pensar tonterías. ¿Cómo puede ser amor algo tan infantil?
Mateo me miró, sin decir nada.
Reiteré mis sentimientos con firmeza:
—Escúchame bien, lo que siento es por ti, y solo por ti. En cuanto a ese recuerdo de la juventud, no solo lo olvidé, sino que, aunque me acuerde, ya no importa. Al fin y al cabo, en ese entonces éramos niños, no entendíamos lo que es el amor, y las palabras que dijimos no deberían tomarse en serio.
Cuando terminé de hablar, me di cuen