—¡Aurora! —el hombre volvió a rugir, cada vez más molesto.
Me miró con una furia intensa.
—Más te vale decirme la verdad: ¿con quién estuviste? ¿Qué hiciste con esa gente?
En ese momento, estaba completamente desarreglada, y mi pijama estaba empapada en manchas de vino.
Seguramente pensaba que me había ido de fiesta con unos hombres. Que la había pasado muy rico.
A fin de cuentas, para él, yo siempre había sido una mujer que no sabía comportarse.
Tratando de sonreír, respondí con la voz ronca:
—