Apenas había empezado a hablar cuando escuché a alguien llamar a mi hermano.
Él, apurado, me dijo:
—Aurora, hablamos después, ¿vale? Ahorita tengo que ocuparme de algo…
La llamada acabó, y la frase que tenía en la punta de la lengua, “¿puedes venir a buscarme?”, quedó atrapada en mi garganta.
Suspiré y miré la oscuridad de la noche. Por primera vez, me sentí perdida, como si no tuviera hogar al cual regresar.
Me senté en los escalones, sin saber a dónde más podía ir.
¿Buscar a Valeria?
No, ella