—Mateo...
De pronto se puso más cariñoso, llenándome de besos calientes.
Me hice bolita para esquivarlo y protesté:
—No hagas eso, en serio tengo que ir a trabajar. No puedo quedarme con esos 2 mil dólares al mes que me das sin hacer nada, ¿no?
—Pórtate bien y te subo a 10 mil al mes —susurró contra mi piel.
Se me aceleró el corazón. ¡10 mil dólares!
—¿Es en... serio? —pregunté, sintiendo cómo la tentación me ganaba.
—¿Cuándo te he mentido? —respondió con esa voz grave que me pone nerviosa, mirá