Tal vez muy pronto, todos sepan que soy la amante de Mateo. Para entonces, la que alguna vez fue la orgullosa hija de los Cardot no será más que el chisme predilecto en las mesas de Ambarada.
Mis padres, aún incrédulos, no dejaban de preguntarme si era cierto que Mateo y yo nos habíamos divorciado.
Al confirmarles que sí, mi papá, lleno de rabia, empezó a insultar a Mateo y a toda su familia.
Mi hermano, que estaba escuchando todo desde un rincón, dijo:
—Ya nos pagó todas las deudas y además