En cuanto entré a la habitación, vi a mi papá acostado en la cama, todo golpeado, maltrecho y lleno de moretones.
Mi cara cambió al instante y, furiosa, pregunté:
—¿Qué demonios te ocurrió papá? ¿Quién te hizo semejante canallada?
Mi mamá seguía llorando, incapaz de responderme.
No me quedó de otra que preguntarle a mi papá directamente:
—¿Qué te sucedió? Dímelo por favor.
Él solo gemía de dolor, pero tampoco decía nada.
Ya desesperada, le grité:
—¡Habla por favor! ¿Quién te hizo esto? ¿Fuer