¿Qué quería decir con eso? ¿Acaso aún le resultaba útil?
Para averiguar qué pretendía realmente, dije con voz temblorosa a propósito:
—Yo… yo quiero dinero. Mucho… muchísimo dinero.
—¡Ja, ja, ja…! Vaya, sí que eres una pequeña avara.
El señor Felipe parecía de muy buen humor; reía mostrando todos los pliegues de su cara.
Respondió con soltura:
—Está bien, luego te transferiré una gran suma.
Me apresuré a mostrar entusiasmo.
—¡Gracias, señor! Muchas gracias. Así podré invertir más en ese edificio