Como vi a la señorita Alma tomarse eso tan en serio, de verdad sentí que estaba a punto de llorar.
Tenía unas ganas enormes de susurrarle: Waylon está aquí mismo… justo detrás del sofá, tiene cara de “Darío”.
Ay… esto era lo que pasaba cuando no se coordinaban bien las cosas con el equipo de antemano.
Mientras la señorita Alma marcaba una y otra vez el número de Waylon, yo empezaba a sudar frío.
¿Qué se suponía que debía hacer ahora?
Aunque Waylon no contestara, tampoco servía de nada, porque si