—¿Cómo pueden decir eso de mí?
La verdad, en una situación así yo no debería haber tenido ganas de reír.
Pero al pensar en Waylon tragándose aquella humillación, mientras la señorita Alma lo tachaba de ordinario, casi se me escapaba la risa.
Sin embargo, enseguida volví a pensar en las heridas de Mateo, y aquella mínima sombra de humor desapareció al instante.
“Qué fastidio… señor Felipe sigue sin irse. ¿Qué demonios quiere?”, pensé
¿Acaso no pensaba irse hasta aclarar por completo el asunto de