A la señorita Alma; de verdad le encantaba divertirse.
Cuanto más me veía ansiosa por irme, más sonreía y decía en tono alegre:
—No pasa nada. A mí me gusta el ambiente animado, no voy a pensar que ustedes arruinan nada. Además, vine esta noche solo para verte. ¿Y qué sale de eso? Ni siquiera quieres compartir una cena conmigo. ¿Ahora que te va mejor, ya me miras por encima del hombro?
—No, no…
Negué con la cabeza enseguida y, conteniendo el fastidio que sentía, le sonreí.
—Usted es mi benefacto