El estruendo de los golpes contra la puerta me asustó tanto que casi dejé caer el plato que acababa de ordenar. Mi primera reacción fue pensar que el que estaba pateando afuera tal vez era algún matón enviado por la señorita Renata para darme una advertencia. Solo cuando Mateo dijo que había llegado Waylon me animé a abrir, aunque con cierta desconfianza, porque ese ruido de patadas era ensordecedor y estaba lleno de una rudeza casi irracional, nada que ver con el estilo habitual de Waylon.
Cuan