Y justo en ese instante crítico, desde la puerta del gran salón llegó un grito furioso:
—¡¿Qué están haciendo?!
Los dos guardaespaldas se quedaron paralizados en seco cuando escucharon esa voz retumbar como un trueno. Yo temblaba en el suelo y las lágrimas se me desbordaron aún más; era la voz de "Darío". Por fin Mateo había regresado.
Antes de que esos dos pudieran abrir la boca, "Darío" entró como un vendaval, me levantó del suelo y los miró fijamente, furioso.
—Atrevidos…
"Darío" estaba clara