Pero en cuanto pensé en la trampa que le había tendido a Pedro, sentí mucho miedo. Ese hombre tan astuto a su hija sí la amaba en serio; pero a los demás "juniors", en cambio, los despedazaba sin pestañear. Esa doble moral, y esa forma de partirse en dos, daba miedo.
La señorita Renata se aferraba al brazo del señor Felipe, muy coqueta, y no sabía qué les estaba diciendo a él y a la señora García, pero los hacía reírse con ganas; y viéndolo así, Renata parecía la típica consentida: a todos les c