Sin perder el ritmo, continué quejándome.
—Además, siempre vienen a tocar la puerta sin ningún sentido de límites, incluso se quedan escuchando detrás de la pared. Por mucho que sea tu mujer, sigo siendo una mujer. Si esto continúa así, ya ni cara voy a tener para salir frente a nadie.
—Vamos, que en el fondo lo único que quieres es mudarte, ¿no? Te lo digo claro: desde que llegué a esta mansión, vivo aquí. Eres mi mujer y solo puedes vivir aquí. Deja de imaginar cosas raras o te va a ir mal.
Al