Capítulo 1958
Entonces también asentí, temblorosa, fingiendo obediencia:

—Sí, Darío… yo… en adelante solo te serviré a ti…

—Así está mejor.

"Darío" suspiró y, sujetándome por la cintura, me sentó sobre sus piernas. Incómoda, me moví un poco y dije con cautela:

—Darío, mejor déjame bajar… así te estorbo para comer…

—Si sabes que estorbas, entonces aliméntame tú. ¿También tengo que decírtelo? ¡Qué lenta eres!

Gruñó y volvió a darme una palmada. Casi me puse a llorar. ¡Seguro lo hacía a propósito! Desde que apar
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