Cuando pensé en eso, me acerqué un poco más hacia su lado para ver cómo reaccionaba. No esperaba que rápidamente él me gritó con tanta fuerza:
—¡No me toques! —exclamó, molesto—. ¡Me estorbas para dormir, lárgate más lejos!
Ese grito me paralizó y me quedé mirándolo sin entender nada. En ese momento ya no había vigilantes cerca; como mucho estaba ese micrófono escondido. ¿De verdad era necesario que siguiera actuando de esa manera?
Aquella expresión tan agresiva, que parecía tan real, me hizo d