Miré a la mamá de Ryan.
Al principio, pensé que era amable y que se veía buena gente. Ahora me daba asco.
Con lo que dijo, la gente alrededor empezó a señalarme, y todos me miraban a mí.
Hasta ignoraron que ella llevaba una falda corta y medias negras.
No le di importancia a las miradas ni a los comentarios y seguí caminando hacia la sala de documentos con el paquete en la mano.
Después de unos pasos, la mamá de Ryan me alcanzó.
Con cara de culpa, me miró y dijo:
—Aurora, lo siento mucho, en ser