De repente, Jeison pareció alterarse y estiró la mano para agarrarme. Pero la señorita Alma, rápida, le quitó la mano. Ella le sonrió con burla.
—Creo que ella tiene razón. Mi hermano siempre es el que me cede el paso. ¿Por qué tendría yo que rebajarme de repente para hacerle un favor? Eso haría parecer que le tengo miedo. ¿O es que, para ti, yo de verdad no estoy a su altura?
—No, señorita Alma, yo…
—Ya basta, no hace falta que digas nada más —lo interrumpió, impaciente.
Luego levantó la mano c