Hice un esfuerzo por pensar cómo responderle para salvar esta miserable vida mía. El hombre volvió a jalarme el cabello; el cuero cabelludo me ardía y el dolor me entumecía la cabeza, hasta hacer que las lágrimas se me salieran a la fuerza.
De repente, una idea me cruzó por la mente como un rayo. Y al instante, me puse a llorar desconsolada.
Mi llanto dejó muy confundida a la señorita Alma. Ella me lanzó una mirada burlona, con una expresión de puro desprecio.
—Todavía ni te toco y ya estás llor