Michael me miró con sus ojos oscuros, mientras apretaba el puño.
Exhalé y le dije:
—Lo siento mucho.
Michael desvió la mirada, y forzó una sonrisita.
—No tienes por qué disculparte. Nunca hubo nada entre nosotros. No es como si al enamorarte de él me hayas traicionado.
Por un momento, una sombra de enojo titiló en su mirada, normalmente tranquila y cálida.
¿Entonces era solo mi imaginación?
Michael siempre había sido amable y gentil, nunca le vi una expresión tan negativa. No podía ser cier