¡Pam!
El disparo le pegó justo al candado; el cerrojo voló en pedazos y cayó al suelo al instante. Casi al mismo tiempo en que el candado se abrió, algo golpeó la puerta con la fuerza de un caballo y la abrió de golpe.
Mateo solo alcanzó a ver cómo un bulto negro enorme salía hacia afuera. Antes de que pudiera distinguir qué clase de bestia era, los guardias del pasillo ya habían llegado; sin embargo, en ese momento toda su atención quedó atrapada por la fiera que acababa de salir. Su primera re