—Muchas gracias.
Mateo miró hacia afuera, muy serio.
En ese momento, el sol ya se había ocultado por completo; la luna subía despacio, y la zona de subastas, en el sector de los rascacielos, fue la primera en encender las luces.
Las fachadas de vidrio, como diamantes gigantes tallados, reflejaban las luces de neón de toda la ciudad como cascadas que caían desde la cúpula de veinte pisos sobre los escalones de mármol blanco de la entrada, donde la luz se movía como agua.
A los dos lados de las es