—No hay tiempo… ya no hay tiempo, están a punto de alcanzarnos…
Los insultos feroces de los secuestradores se escuchaban cada vez más cerca. El corazón me latía con violencia y todo el cuerpo me temblaba. Al otro lado de la línea, escuché a Mateo dando órdenes a la gente que tenía a su lado; su voz sonaba urgente:
—Localicen este número ahora mismo. Vayan de inmediato.
Luego volvió a hablarme:
—No tengas miedo, Aurora. Voy para allá ahora mismo. Protege bien a los niños y a ti misma. No te rinda