—Mami…
Embi intentó llamarme, pero Luki se apresuró a taparle la boca. Cuando me miró, estaba llorando; en su voz había desamparo, miedo y también una firmeza forzada.
—Voy a proteger bien a mi hermanita. Mami, tú también tienes que estar bien. Papá y yo vamos a ir a salvarte.
La voz de mi hijo, esforzándose por ser fuerte, me dejó un dolor en el pecho y un sabor amargo en la boca. Lancé una última mirada a esas dos pequeñas figuras y trepé fuera del hoyo, corriendo en dirección contraria.
Mient