Camila se rio como una loca; su risa era insoportable.
Me miró y dijo:
—¿De verdad crees que tengo miedo? Te lo voy a decir claro: jamás pensé salir viva de Ruitalia.
Sentí que el corazón se me hundía.
Tal como sospechaba, ella no quería vivir. Lo único que quería era verme sufrir… incluso matarme.
Por eso, prácticamente no había nada que pudiera usar para negociar por Embi y Luki.
Camila era un monstruo.
Inclinó la cabeza despacio y me sonrió con una dulzura que daba asco.
—¿Sabes cómo sobreviv