Si Camila de verdad pensaba llevarnos a otro lugar, tenía que encontrar rápido la manera de mandarle el número de esa placa a Mateo.
Solo así, quizá, mis hijos y yo íbamos a tener una mínima posibilidad de sobrevivir. Camila pasó el cuchillo muy despacio por el dedo de Luki, justo donde ya tenía la herida.
Luki se mordió fuerte el labio y no se quejó para nada. Me dolía el alma, pero solo podía aguantarme todo lo que sentía. Si de verdad hubiera querido cortarle el dedo, lo hubiera hecho apenas