—¡Está bien! —dije sin pensar.
En ese momento perdí la calma por completo; mientras pudiera salvar a Embi y a Luki, estaba dispuesta a intentar lo que fuera.
Camila se volvió a reírse con desprecio:
—Claro que sí. Pero si te atreves a llamar a la policía o a traer a alguien más contigo, les voy a cortar los brazos y las piernas a esos dos niños y los voy a dejar morir de dolor.
—¡No! —dije, urgente—. No te preocupes, voy a ir sola.
Era evidente que Camila me estaba poniendo una trampa.
Pero no t