Mateo me abrazó más fuerte y, mirando a Javier con una seriedad absoluta, le dijo:
—Si de verdad la amaras, no la amenazarías así. Sigues siendo igual que cuando eras niño: un experto en disfrazarte, pero en el fondo eres más turbio que nadie. ¿Nunca pensaste que, en ese entonces, lo que Aurora llegó a apreciar fue tu lado amable y frágil, y no ese Javier loco y tenebroso? Dicho de otra forma, ella nunca te quiso de verdad. Lo único que le gustó fue alguien que no existía, un Javier falso escond