—Además, Mateo te ama demasiado, tú lo sabes. Mientras vuelvas con él, ¿cómo podría importarle algo así? —dijo Alan.
Como no respondí, él se desesperó.
—De verdad, Aurora, no le des más vueltas. Te lo ruego, ¿sí?
—…Está bien —asentí.
—Arranca, llévame a la villa.
Ya está.
¿Que si a él le importaba? ¿Y luego qué?
Tal como dijo Mateo, ¿acaso eso significaba que debía abandonar nuestro amor?
Él no podía hacer eso.
Y yo tampoco.
Así que no tenía sentido seguir atormentándome por eso.
Aun así, aunqu