Seguro que no.
Con eso en mente, el dolor y la ansiedad que sentía empezaron a calmarse un poco.
Cuando abrí los ojos, vi que Jeison me miraba fijamente de forma extraña.
No, para ser más exactos, estaba mirando a Javier, al lado mío.
Pareció notar mi curiosidad, porque sonrió y dijo:
—Solo los admiro. Javier y Aurora se llevan tan bien que ya hasta se susurran cosas.
Alan dejó escapar una risa llena de desprecio y señaló a Indira, indicándole que fuera también a hablar en privado con Mateo.
Ind