Michael miró a Javier y le dijo:—Sal un momento por favor, quiero hablar con ella a solas.
—De acuerdo —contestó Javier, sonriendo, y se fue sin decir nada.
Al pasar junto a mí, me sonrió. Era una sonrisa con un mensaje subliminal.
Cuando Javier salió, Michael me agarró del brazo y me llevó a la oficina del jefe.
Con apuro, dijo:
—Aurorita, estás haciendo muy bien tu trabajo, ¿por qué quieres dejarlo así nada más? ¿Es porque soy el dueño? ¿Y eso qué tiene que ver? Somos amigos, es normal que ent