—¿Qué familia ni que nada? —alcé la voz de inmediato, estaba tan molesta que hasta temblaba de la rabia.Mi papá, con una actitud como si nada, dijo:
—Michael claramente sigue sintiendo algo por ti. Si tú le hablas, seguro estaría dispuesto a casarse contigo. Cuando se casen, vamos a ser familia, ¿y entonces nada? La deuda ya no tendría sentido, ¿no te parece?
Escuchar eso me llenó de rabia, sentí que me iba a desmayar del coraje.
Si no fuera por los veinte años que llevo siendo su hija, no lo re