Cuando me acerqué, Mateo me pasó su formulario, mirándome con indiferencia.
—Primero llena el formulario, hazlo como yo lo hice.
Resultó que ya había llenado el formulario. Su caligrafía era elegante, muy bonita.
No dije nada, solo quité la tapa del bolígrafo y comencé a llenar el formulario, seria.
La mirada vacía de Mateo se mantenía fija en una planta que había en la mesa.
El formulario no era difícil, y como lo hacía siguiendo su ejemplo, pronto lo terminé.
Cuando solté el bolígrafo, Mateo t