Ella estaba frente al espejo, llorando con impotencia.
Carlos tenía un paño con hielo y, con mucho cuidado, lo presionaba sobre los moretones de la cara de Camila.
Me quedé paralizada, sin poder creer lo que veía.
¿De verdad todo eso se lo había hecho Mateo?
¿Acaso la había usado como saco de boxeo?
No podía ser.
Mateo, aunque era reservado y de carácter severo, siempre había tenido buena educación.
No era el tipo de hombre que golpeaba a una mujer.
¿O quizá, simplemente, Camila ya había perdido