Cuando salí, Mateo seguía apoyado en la ventana, fumando.
La manera en que me miraba había cambiado; ahora tenía esa mirada profunda con una chispa de deseo que trataba de ocultar.
La verdad, cuando me vi en el espejo antes, noté que la camisa negra hacía que mi piel se viera súper clara.
Y como me quedaba justo hasta los muslos, era bastante sensual.
Además, sin ropa interior, se marcaba la forma de mi pecho por la tela, algo que, obviamente, no iba a pasar desapercibido.
Él era un hombre norma