Aunque Mateo hablaba con un tono bastante plano, me imaginaba cómo la había pasado en esa casa.
No me sorprendía que todos hablaran bien de Michael y mal de él, ni siquiera le daban chance de mostrar lo que valía.
No era raro que desde niño aprendiera a esconder sus talentos, porque sabía que su madrastra nunca iba a dejar que sobresaliera más que Michael.
El tipo que trabajaba ahí nos llevó hasta una torrecita que estaba en el jardín, detrás de la casa. Era de dos pisos, y bastante tranquila.
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