—Mira lo que estás haciendo, ¿de verdad solo vas a quedar satisfecha si logras separarla de tu hermano? —dijo mi padre.
Seguí sonriendo, y miré fijamente a Carlos.
—Hermano, ¿escuchaste lo que acaba de decir papá? Entonces, ¿de verdad no tienes nada que decir?
Mi hermano seguía sentado junto a Camila.
Apretó fuerte las sábanas y respondió:
—Yo no sé nada. ¿Qué quieres que diga?
—Je, qué conveniente eso de “no saber nada” —me burlé.
Mi indignación era demasiada.
Camila empezó a llorar otr