Dos años después
Recuerdo claramente cómo empezó todo. Yo, Brisa, una mujer soñadora y terca, siempre con la cabeza llena de ideas románticas y la esperanza de un amor perfecto, sin manchas ni grietas. Pero la realidad, esa que no avisa y golpea cuando menos lo esperas, me enseñó que el amor no siempre es como lo pintan los cuentos.
Por años busqué esa chispa, ese hombre que me hiciera sentir completa, pero el mundo moderno parecía tener otros planes para mí: aplicaciones de citas que no llenab