Después de que Alía llegó a casa, le dieron un té relajante para que pudiera descansar y luego esperar para ir al hospital y hacerle unos exámenes y curar la herida que aún tenía, pero que la hacía ver muy agotada.
Quien también se acostó a su lado fue Samuel. Solo Dios sabía lo preocupado que había estado por su esposa. Soltó suaves sollozos mientras tenía a su esposa abrazada, solo de pensar que le hubiera pasado algo peor o no volver a verla por culpa de un desquiciado.
Tocó suavemente el c