Ariane miraba el celular en su mano con cara de pocos amigos al ver el nombre en la pantalla.
Las ganas de responder y mandar al demonio a la persona al otro lado se volvían tentadoras, pero en lugar de romper el poco ánimo que le quedaba decidió lanzar el aparato a la mesita de noche y fingir que no existía.
Suspiró aliviada cuándo este por fin se quedó en silencio y rogó con fervor que hubiesen entendido el mensaje porque de lo contrario, tendría que usar medidas drásticas para hacerse entend