André observaba las estrellas con atención, como si estas pudieran darle la solución a todos sus problemas, dejando que la brisa moviera su cabello a su antojo, de la misma forma en que su padre lo trataba en la vida: como una simple marioneta.
Aún se encontraban en la mansión Petit, pues después del berrinche de Ariane y su huida épica, Albert había insistido en que de igual forma se quedaran a cenar, pues de todas maberas aquella comida había sido especialmente preparada para ellos.
Y aunque