El paso del tiempo es una cura para algunos, pero para otros es solo una forma lenta de ver cómo las heridas se infectan. Habían pasado tres meses desde que el nombre de Yestin dejó de pronunciarse en la mansión De la Rua, al menos de forma oficial. Tres meses en los que la ciudad había seguido girando, ignorando que en las sombras se gestaba una tormenta de proporciones bíblicas.
Rosa de la Rua no se había rendido. Había pasado cada noche de esos meses revisando grabaciones, siguiendo hilos i