5. Primer acto

—¿Y cuándo piensas dejar la ciudad para venir a ayudarme con el rancho? —preguntó Manuel con una sonrisa sincera.

—¿Yo? ¿En un rancho? ―dijo con tono ofendido. ―Papá, ¿no te parece que tengo más posibilidades de encontrar un unicornio en la ciudad que de sobrevivir un día entero sin internet? —le contestó con una sonrisa burlona, para luego servirse otra taza de café.

—Ya veremos quién sobrevive sin internet cuando se acabe la batería del móvil —replicó su padre guiñándole un ojo.

La conversación, aunque ligera, tenía un trasfondo más profundo. Jaxon sabía que su padre estaba preocupado, y él también lo estaba. El diagnóstico de cáncer había caído como un rayo en la familia, y aunque intentaban aparentar normalidad, la sombra de la enfermedad se cernía sobre ellos.

Después de ordeñar a las cabras y completar el pedido, regresaron a casa al mediodía, donde la madre de Jaxon, con su habitual sonrisa y energía, los recibió en la puerta. El aroma a comida casera inundaba la casa, un alivio en medio de la rutina del rancho.

Llegó besándola con cariño. —¡Huele delicioso, mamá! ¿Qué nos has preparado hoy? —curioseó intentando animar el ambiente.

—Pollo al horno con patatas y ensalada. Tu plato favorito —le respondió mientras les indicaba que se sentaran a la mesa.

Durante la comida, Jaxon aprovechó la oportunidad para dar la noticia.

—Por cierto, mamá, papá… Alba vino anoche por leche ―informó tratando de escucharse casual.

—Ah, la niña —dijo su madre sonriendo y con un tono afectuoso.

Alba era como una hija para ella, además los visitaba con frecuencia.

—Sí, y… la invité a cenar —continuó Jaxon esperando la reacción de sus padres.

Su padre levantó una ceja, sorprendido; y su madre, en cambio, sonrió con complicidad.

—¿Y eso? ¿Alba? ¿La hija de los vecinos? ¿La hermana de tu mejor amigo? —la curiosidad de Manuel se vio reflejada en la serie de preguntas.

—¿Y qué tiene de malo? —respondió encogiéndose de hombros y fingiendo inocencia.

—Nada, hijo. Es sólo que… no te habíamos visto interesado en ninguna chica en mucho tiempo —intervino su madre manteniendo la sonrisa.

—Bueno, pues… ahora sí —evitó la mirada de sus padres prestándole atención a su plato.

Manuel y Carmen intercambiaron una mirada cómplice. Sabían que Alba era una buena chica y la querían mucho, asimismo, la veían como una hija más, por lo que ya no comentaron nada más.

La tarde transcurrió entre preparativos. Carmen, como siempre, se esmeró en la cocina; Jaxon, por otro lado, se ofreció a ayudar, aunque sus habilidades culinarias dejaban mucho que desear; y, Manuel, mientras tanto, se dedicó a poner la mesa y a preparar la chimenea, para crear un ambiente acogedor.

Alba llegó con una sonrisa radiante y un ramo de flores para la madre de Jaxon. La joven, con su habitual desparpajo, saludó a todos con un beso y un abrazo.

—¡Buenas noches! ¡Qué bien huele! ¿Qué nos ha preparado, señora Carmen? —preguntó Alba fingiendo no saber nada sobre la cena especial.

—Pollo al horno, como siempre —respondió sonriendo mientras le daba un cálido abrazo. ―¿Cómo están tus papás y Auritz? ―Carmen le preguntó con interés, comenzando así a la reunión.

Durante la cena, Alba se movió con soltura y seguridad. Bromeó con Manuel y Carmen, les contó anécdotas divertidas y se ofreció a ayudar en todo momento. Iba y venía de la cocina con comodidad y confianza, sirviendo los platos, recogiendo la mesa y llenando las copas.

—Eres como de la familia, Alba —dijo el padre de Jaxon con cariño.

—Yo también los quiero mucho, señor Manuel—declaró Alba con una sonrisa honesta.

Después del postre, cuando la atmósfera era más relajada y la conversación fluía con naturalidad, Jaxon decidió soltar la bomba.

—Mamá, papá… tengo algo que decirles ―sus padres lo miraron con atención, mientras Alba esperaba por la reacción. ―Alba… es mi novia ―todos se miraron fugazmente, llenos de expectación.

El silencio se apoderó de la habitación por un instante. Luego, cuando la noticia finalmente fue asimilada, los padres de Jaxon estallaron en una explosión de alegría y emoción.

—¡Qué alegría! ¡Felicidades, hijo! —exclamó su madre, siendo la primera en ponerse de pie y abrazar a Jaxon.

—¡Me alegro mucho por ustedes! —habló su padre sin contener la emoción, teniendo además una gran sonrisa.

La cena continuó entre risas y brindis. Alba, con su habitual sarcasmo, bromeó sobre la sorpresa que había causado su relación con Jaxon.

—Ya veo que les he dado una gran alegría, ¿eh? —comentó Alba con una sonrisa traviesa.

—¡Mucha! —respondió Carmen y se acercó para abrazarla efusivamente.

—¿Y ahora qué, muchacha? ¿Te vas a quedar a vivir con nosotros? —Manuel le guiñó un ojo, con una sonrisa que mezclaba humor y anhelo.

—No, papá ―Jaxon reaccionó de inmediato, escandalizado. ―Alba tiene que volver a su casa. Ya sabes, sus padres… —miró a Alba, que no había perdido la serenidad.

―Así es, señor Manuel, mis padres me esperan en casa; además, tengo un pedido de queso para entregar mañana ―informó despreocupada.

―Es una lástima que no te quedes ―la frase hizo reír a Alba.

―Ya habrá una oportunidad, pero ahora, debo irme ―se puso de pie para darle un beso y un abrazo a los padres de Jaxon, como señal de despedida.

―Acompañaré a Alba ―de inmediato, Jaxon se puso de pie también, provocando que la sonrisa de sus padres se ampliara, ya que era extraño para ellos observar ese tipo de actitudes por parte de su hijo.

―Sólo quieres librarte de fregar los platos ―le recriminó Manuel a su hijo, ya cuando Alba se había encaminado hacia la salida.

―Touché ―respondió provocando que todos se rieran.

Jaxon se apresuró a abrir la puerta de la entrada principal, permitiendo a Alba salir primero, una atención caballerosa que no pasó desapercibida para ella. ¿Eso era parte del juego?

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