—Con que tú pequeña se llama Ana. Es igual de hermosa que su madre.
Le eche un vistazo Ana .s a decir verdad , a las 2 parecemos madre e hija, da la casualidad, que Ana tiene el cabello tan dorados , yo: a diferencia de sus ojos los cuales son ni un color miel y los míos grises. Suspiro, tenía el pelo un poco ondulado, al igual que yo podría jurar incluso que era mi hija de sangre.
No dijimos nada, seguimos caminando. Aunque una actitud de Ana me sorprendio.
—Hola ¿Quieres jugar? —pregunta.
La