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Suspira, no había querido lastimarla , pero lo hizo. Cuando le a,do un poco. Se aleja, se pone de pie y con dolor en el alma se marcha. Aunque cuando estaba caminando: se da cuenta que tal vez Briana tendría frío. Suspira, se quita el saco y se lo coloca sobre los hombros.

—Me lo tienes que devolver Briana: pasaré por él mañana —comenta a la nada.

Briana abre la boca balbucea:

— Esteban... Esteban.

El susp

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