La arrastraba como si fuera un gran terremoto que no podía olvidar. Tenía que aceptar que ella amaba con intensidad a Esteban y ese amor que tenía en su corazón, tardaría mucho.
Suspiró.
—Entonces... ¿sigues pensando en él, verdad? —preguntó Leandro.
—Ya luego, no sé de qué me hablás —dijo ella sorprendida por la interrupción, que le daba su amigo.
—No te hagas. Ya sé que estás pensando en él. Tus ojos no lo pueden negar, a mí no me vas a mentir estás como loca pensando en tu príncipe azul. No