A la mañana siguiente, con la sabana a medio cuerpo, una camiseta blanca cubriendo su torso y una expresión corporal que emulaba la "postura egipcia", yacia la joven Kayla durmiendo plácidamente sobre su cama.
Aquella noche había tenido un buen descanso, comparado con los días en el que le tocó compartir su espacio con la enérgica bebé, quien siempre interrumpía su sueño despertandola por la madrugada cada vez que podía.
Aunque en esta ocación no tenía a la pequeña al lado, igual podía oír una